miércoles, 18 de diciembre de 2013

Máquina del Tiempo: Recordando las Privatizaciones en México.


Somos el país de las promesas y el abandono, ¿será éste el reino de los #privatizombis? Constantemente se habla de la falta de memoria histórica del mexicano, así que, como no queremos que nos agarren desmemoriados, intentaremos hacer un recuento de lo que ha sido ignorado ante la inminente aprobación de la Reforma Energética. Vale la pena traer a la caso el historial de empresas del Estado que han sido privatizadas. Cuando Telmex caía en manos particulares, la mayoría de los jóvenes que votó por primera vez en 2012 ni siquiera habían sido concebidos. No es que no se recuerde el sexenio malévolo de Salinas, sino que sólo es un vago recuerdo heredado de nuestros padres.


Resulta fundamental revisar cuáles han sido las consecuencias de las privatizaciones en el pasado; para notar a la distancia desde un ejercicio de retrospección cómo la Reforma Energética es la oportunidad perfecta para que el gobierno cometa nuevos errores.
La experiencia nos demuestra que darles toda clase de libertades y facilidades a los empresarios, beneficia a los empresarios no al sector paupérrimo de la sociedad. Nuevamente el problema es que no se le explican las reglas del juego a la población.

Si Pemex no fuera rentable nadie presionaría para privatizarla (o como dicen oficialmente, abrirla para que la iniciativa privada pueda establecer contratos). Pemex es la segunda empresa petrolera con más ganancias del mundo. Y ¿qué creen? con Telmex pasó lo mismo, antes de ser vendida, Teléfonos de México registró utilidades por más de dos billones de pesos (entre enero y septiembre de 1990).

“Telmex stock is estimated to be worth more than $8-billion, and about half of it is held by the government”(Globe & Mail, Oct 22, 1990)

Mientras que Pemex, antes del pago de impuestos del 2012, generó 720 mil 518.4 millones de pesos en utilidades. Esto nos permite poner en duda, el discurso oficial de la necesidad de inversión.



¿A qué nos referimos con privatización?
En administración pública, cuando se habla de privatización, el objetivo es reestructurar el papel del Estado en la economía; es decir, el tamaño y las funciones del gobierno. Desde Miguel de la Madrid, y más aún con Salinas, el proyecto nacionalista entró en crisis, se tomó la decisión de replegar al Estado en su margen de maniobra de actor a simple regulador.
Ya no se buscaba convertir al Estado en el más importante motor de la economía, sino de privatizar, de adelgazar el Estado, de acabar con el Estado de bienestar. Se trataba de adoptar el modelo americano de hacer política, privatizando, aceptando abiertamente y sin restricciones las leyes del libre mercado.
La privatización en México forma parte del rediseño del gobierno iniciado en los primeros años de la década de los ochenta y tuvo como contexto una severa crisis económica cuyo detonante fue el peso de la deuda externa, lo que implicó la reestructuración funcional del gobierno: pasó de productor y distribuidor a regulador.
Los políticos aderezan las aprobaciones de reformas con frases que intentan dar atole con el dedo a los mexicanos. Los medios de comunicación masiva han buscado, junto con el gobierno federal, engañar a la sociedad y hacerle creer de supuestas ventajas de estos nuevos procedimientos. En lugar de reformar estructuralmente logran deformar nuestra Constitución.



El caso Telmex

El rediseño del gobierno, el rezago tecnológico y la falta de inversión fueron los motivos que justificaron la privatización de Teléfonos de México. Dijeron que Telmex, no era rentable y que si se privatizaba bajarían los costos al consumidor y mejoraría el servicio. ¿Les suena familiar?
Originalmente Slim sólo tenía el 5% de la compañía, los otros dos socios principales eran South Western Bell y France Telecom, de cada peso que ganaba Slim los socios ganaban dos.
El grupo encabezado por Slim fue favorecido por el gobierno de Salinas cuando éste aceptó que una parte de la oferta fuera pagada a plazos, con dinero proveniente de las propias ganancias que Slim obtuviera con Telmex en su poder.
No todo es malo, pero sí preocupante.
Si bien la privatización de Telmex, significó una mejora en el número de líneas, con la entrada de Grupo Carso en enero de 1991, representó significativos costos para los consumidores y el mercado en general. Hoy en día, de cada 10 líneas fijas que hay en el mercado 9 pertenecen a Telmex. Según sus estimados, las tarifas de Telmex son, entre 25% y 30% más caras, comparadas con las que se tienen en los principales países que son socios comerciales de México.


Tras la privatización, las tarifas lejos de bajar, han subido, tenemos una de las telefonías más caras respecto a los estándares internacionales y el servicio sigue siendo pésimo, en relación a lo que Slim gana por cada usuario.

¿Qué nos dejó socialmente la privatización de Telmex?
El costo social de mantener el monopolio de Telmex se traduce en que la empresa puede poner el precio que ellos quieren porque no tienen ninguna competencia real. La gente paga más de lo que realmente cuesta el servicio de telefonía, esto hace que la población tengan menos ingresos disponibles.
A estas alturas, después de 31 años de privatizaciones en México, ya deberíamos de saber qué nos han dado, en términos de beneficios sociales, estos experimentos. Los efectos de la privatización, en el caso de México, han producido efectos ambiguos.

La privatización de las empresas públicas no mejoran la administración, generan un ambiente competitivo,  la concentración del capital privado transformó los monopolios estatales en monopolios privados con el inconveniente de que los involucrados o nuevos propietarios tienen injerencia en las decisiones de política económica que adopta el Estado y en cualquier caso tratarán de favorecerse a costa de la población.



Carlos Salinas de Gortari, vendió casi mil empresas paraestatales, se profundizó la privatización de compañías públicas, tanto por la venta de empresas estratégicas para la economía nacional como por el número de entidades desincorporadas: las 618 empresas paraestatales existentes a inicios del sexenio de Salinas, (1988-1994) decrecieron a 210. Privatizaron gran parte de las empresas estatales porque se pensaba que serían más eficientes e impulsarían el crecimiento del país.



El gasto de inversión nacional durante los años ochenta representó cantidades equivalentes al 50 por ciento de los ingresos totales de esta telefónica. Telmex fue la segunda fuente de ingresos del gobierno, después de Petróleos Mexicanos. De esta manera se descarta que la privatización de Teléfonos de México obedeció a problemas financieros, por el contrario, constituía uno de los activos más importantes del gobierno y en consecuencia, los ingresos derivados de la venta suministrarían recursos para sanear las finanzas públicas en ese momento.

Tampoco se trata de ser fatalistas, hubo algunos beneficios en cuanto a infraestructura, la privatización de Teléfonos de México, condujo a la apertura de la telefonía local en el año 2000, es decir, hubo más líneas de teléfono y, por otra parte, la línea móvil (los celulares) fue la más favorecida por la inversión privada debido al avance tecnológico en otros países.
Esta década favoreció el poder dominante de Teléfonos de México dentro del país, se reafirmó como monopolio privado protegido por el gobierno. Tanto así que no permitió la entrada de nuevas telefónicas durante diez años.


El caso de la banca
Lo que hicieron con la banca de México fue una aberración, primero la nacionalizaron, luego la vendieron, la rescataron con el Fobaproa y al final la entregaron a los bancos extranjeros, en menos de 10 años.
En 1990, el presidente de la República anunció que privatizaría la Banca. El 17 de mayo de 1990, el secretario de Hacienda, Pedro Aspe, anunció que el gobierno se desprendía de la Banca porque no se justificaba que el Estado poseyera esos cuantiosos recursos “mientras exista la incuestionable e impostergable obligación de dar respuesta positiva a las enormes necesidades sociales”.El proceso de venta de las 18 instituciones de crédito que se privatizaron se llevó a cabo de junio de 1991 a julio de 1992.
La privatización de la Banca en México responde a ese proceso. El Tratado de Libre Comercio también obliga al Estado a desprenderse de la Banca. El Estado, por otra parte, se mantuvo alejado de la intermediación financiera comercial y le dio mayor libertad a los movimientos en esta esfera. Las causas de la nacionalización fueron fundamentalmente políticas, a pesar de que la naturaleza de la crisis gestadora fue de carácter económico.


¿Qué nos dejó socialmente la privatización de la Banca?
La privatización, generó opacidad, conflictos de interés entre funcionarios de gobierno, grandes inversionistas y banqueros, una producción masiva de delincuentes de cuello blanco.
El caso Imevisión
El Instituto Mexicano de la Televisión, o mejor conocido como Imevisión fue un organismo estatal mexicano encargado de operar las estaciones de televisión propiedad del gobierno federal.
Imevisión era un desastre financiero y de gestión. Se pasaba de intentos de “televisión de calidad” a intentos de “televisión comercial”, con el resultado de que, salvo en limitadas áreas como los deportes, no tenía una audiencia de continuidad y no generaba certidumbre entre los potenciales anunciantes.

Un mecanismo que se utilizó en todo momento, fue la utilización de brokers, es decir de agentes externos a la empresa que producían o compraban un programa e Imevisión lo transmitía, cediendo a cambio una determinada cantidad de tiempo de comercialización, que el broker conseguía por su cuenta. Es lógico que en esas condiciones, la inversión fuera escasa. Las cosas llegaron al grado que, cuando se tomó la decisión de privatizar, se transmitía la misma programación en los dos canales que Imevisión tenía a su disposición



En Agosto de 1993,  la señal se privatizó mediante una licitación convocada por el Gobierno Federal, encabezada por Carlos Salinas de Gortari, los canales del estado fueron adquiridos por el empresario Ricardo Salinas Pliego para convertirse en lo que hoy se conoce como  TV Azteca.
¿Qué nos dejó socialmente la privatización de la Imevisión?
La competencia en televisión abierta no es garantía de mejorar contenidos, tanto Televisa como TV Azteca reproducen un mismo modelo de una televisión hipercomercializada, orientada sólo al entretenimiento de baja calidad, bajo costo y altas ganancias.

El caso Pemex
Cuando se anunció la reforma energética, el director general de Pemex, Emilio Lozoya Austin, justificó el proyecto de “modernización, no de privatización” de Pemex, porque la empresa no está preparada para extraer crudo de “aguas profundas”.

“Pemex no se va a privatizar. Se tiene que modernizar”, dijó Lozoya en el 43 Foro Económico Mundial de Davos, Suiza. 27 de enero de 2013
El tema Pemex no inicia con este sexenio; Salinas dio varios pasos importantes hacia su privatización.

En 1992 impulsó la Ley Orgánica de Petróleos Mexicanos y Organismos Subsidiarios que transformó a Pemex en un corporativo de muchas empresas, según para que fueran más eficientes.
Desde aquellos años se separaron:
Pemex Exploración
Pemex Producción
Pemex Refinación
Petroquímica básica

Todas ellas controladas implícitamente por Pemex Corrupción (entiéndase Romero Deschamps y toda su familia, entiéndase también la familia de Camilo Mouriño,) que todos estos años ha sido quien más se llena los bolsillos. Mientras no se tomen medidas para combatir la corrupcion, no habrá dinero que alcance. Así, Pemex se transformó en un corporativo múltiple, en una organización con muchas cabezas, un modelo muy corruptible, y dejó la actividad comercial mas grande del país fuera de su control. Ahora probablemente cambiará de nombre a Pemex Corruption & Seven Sisters Co.



Esta “modernización de la industria petrolera” se convertirá en el botín para contratistas nacionales y extranjeros. Alrededor del petróleo se mueven miles de millones de dólares, ¿Quiénes tienen interés en la apertura petrolera mexicana? Los principales promotores de la reforma petrolera son las multinacionales (también conocidas como Seven Sisters): Standard Oil, Texaco Oil, Shell Royal Dutch, British Petroleum Company, Mobil Oil, Gulf Oil Corporation, además de ARAMCO, Halli Burton y Total Repsol.
¿Qué nos deja socialmente la apertura contractual de Pemex?

El Estado mexicano renuncia a su soberanía, el derecho sobre las tierras y las aguas que hoy son de comunidades indígenas y campesinas se puede conceder a los extranjeros para que instalen su maquinaria, sin importarles la parte social y la protección de recursos naturales.

Desde que iniciaron las privatizaciones, esto ha servido para enriquecer a unos pocos y empobrecer la nación. Por ejemplo, hoy sabemos que Telmex es muy rentable, de hecho es la base de la riqueza de Carlos Slim.



Nada más para que se den una idea, Carlos Slim, el hombre más rico del mundo según Forbes, posee una fortuna estimada en $53,500 millones. Dinero con el cual podría comprarle una hamburguesa a cada habitante del planeta; o si se quiere ser más local, podría regalarle un iPad a cada mexicano.
México, tiene una deuda externa de alrededor de $96 mil millones. Slim tiene más de la mitad de esa cantidad.



Las utilidades son privadas y los rescates son públicos
Con estas reformas estructurales aprobadas en la emergencia, quedó demostrado que a la clase política le interesa llenarse los bolsillos. Si Heberto Castillo, Gómez Morín y Reyes Heroles, fueran petróleo; el PRD, el PAN y el PRI también los venderían, así como venden sus posturas acorde a su intereses, el PRD ahora llora porque no lo pelan en el debate, pero se les olvida que estaban muy contentos firmando el Pacto por la venta de México.

Es necesaria la creación de nuevos mecanismos de conducción que permitan erradicar los viejos esquemas que deterioraron por años los aparatos del Estado. Nosotros no nos dejamos engañar por esta mezcla de teleología y pragmatismo; las malas decisiones, se les vea por donde se les vea, tuvieron lugar.
Las empresas que son propiedad del Estado son riqueza acumulada y pertenecen a toda la nación. Cuando se privatiza, esa riqueza va a manos de un reducido grupo: los intereses privados son privados, no públicos.
Este viaje por la máquina del tiempo no intenta ser sólo nostálgico, intenta buscar en la memoria colectiva razones para explicarnos por qué volvimos a caer en la misma trampa. Recordar los resultados de las privatizaciones en México debería mover a los ciudadanos a una participación más activa en contra de las decisiones que hacen en nuestro nombre.
Ha llegado una vez más el momento por el que las generaciones futuras podrán reclamarnos nuestra pasividad, nuestra complacencia.


Con información de: Proceso, El Sol de México, El Nacional, Excélsior (10 diciembre de 1989)

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